Francisco Javier Ampudia, presidente de la Sociedad Española de Diabetes (SED)

Por Francisco Cañizares de Baya /Cortesía

Imagen: Francisco Javier Ampudia Blasco

La Organización Mundial de la Salud (OMS) habla desde hace tres décadas de una epidemia de diabetes. Su prevalencia no para de crecer. La Federación Internacional de Diabetes (FID) cifra en 540 millones el número de pacientes en el mundo. Los especialistas sostienen que, por la dimensión que ha alcanzado, se ha convertido en un problema grave de salud pública que requiere acciones decididas para prevenirla, así como mejorar su detección precoz y tratamiento. “La diabetes es un asesino silencioso”, recuerda Francisco Javier Ampudia, recién elegido presidente de la Sociedad Española de Diabetes (SED), profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia (UV) y jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario de Valencia.

La mayoría de las personas saben grosso modo qué hace un endocrinólogo. ¿Cuál es la función de la Sociedad Española de Diabetes?

La SED es una sociedad científica constituida por profesionales con interés en la investigación y el tratamiento de una enfermedad crónica como la diabetes. Es transversal, incluye no solo a médicos endocrinólogos, cardiólogos o de medicina de familia, sino también a profesionales de enfermería, psicólogos e incluso ingenieros interesados en diferentes aspectos de la enfermedad. 

¿Cuál ha evolucionado mejor en las últimas décadas: la diabetes tipo 1 o la 2?

Durante los primeros años de la endocrinología y de la SED, el foco estuvo puesto en la tipo 1 y en la evolución de las insulinas que precisan los pacientes. Sin embargo, en los últimos 15 o 20 años han aparecido fármacos que han revolucionado totalmente el tratamiento de la diabetes tipo 2 al reducir el riesgo cardiovascular en los pacientes y conseguir pérdidas de peso nunca vistas. 

¿Qué importancia tiene la pérdida de peso en la enfermedad?

Es clave porque tiene una repercusión impresionante sobre el control glucémico y permite, entre otras cosas, reducir los fármacos para el tratamiento de la hipertensión, mejorar la funcionalidad de los pacientes y los problemas respiratorios en los que tienen apnea del sueño. Por eso en los últimos 15 años los congresos sobre diabetes hablan más de la tipo 2, lo cual no quiere decir que la tipo 1 no siga siendo importante. 

¿A cuántas personas afecta en España la diabetes tipo 2?

Dentro de las enfermedades relacionadas con el metabolismo, es, sin duda, una de las más prevalentes junto con la obesidad. De hecho, van las dos a la par. En España afecta al 14 % de los adultos de más de 18 años.

¿Por qué fracasan sistemáticamente los planes de prevención?

Podemos resumirlo en tres factores. En primer lugar, fallamos en el diagnóstico precoz. Se lo repito mucho a mis pacientes: el mejor tratamiento de la diabetes tipo 2 es que no aparezca. Las alteraciones fisiopatológicas que están detrás de la enfermedad ocurren antes de que tengamos una glucemia por encima de 126 mg/dl (el valor con el que se diagnostica la enfermedad). Si en la etapa de prediabetes tratáramos a estas personas, evitaríamos que progresaran a una diabetes tipo 2. 

¿Qué otros factores influyen?

En segundo lugar, en la mayoría de los pacientes suele aparecer de manera poco sintomática. Es frecuente que una persona piense: si no me duele, no me pasa nada. Muchas veces el propio paciente no le da importancia cuando va al médico y le dice que tiene la glucosa un poco alta. Es un aspecto clave en el fracaso de los tratamientos que hacemos con la diabetes. 

¿Cuál es el último factor?

Tiene que ver con que hablamos de una enfermedad que progresa. El deterioro de las células beta (producen insulina, la hormona que controla el nivel de glucosa) hace que en un momento dado aparezca hiperglucemia en el paciente. Si no intervenimos de forma enérgica desde el principio, el propio estrés al que se somete la célula beta provoca un deterioro progresivo de su funcionalidad. 

¿Qué efectos tiene ese deterioro?

Conforme pasan los meses, el paciente que se controlaba con un fármaco, necesita dos, y al cabo de cuatro o cinco años puede necesitar insulina. De esta manera, se cae en una inercia terapéutica muy perjudicial. 

entrevista doctor Ampudia Blasco
Imagen: Francisco Javier Ampudia
¿Cree que son conocidos los efectos en la salud que puede llegar a tener la diabetes?

No. En EE. UU. la llaman desde hace años «el asesino silencioso», porque puede matar sin que te des cuenta. Si no has tenido un diagnóstico temprano ni has llevado tus controles, puede dar la cara con un problema grave de salud. Hay personas que ingresan con un cuadro de angina de pecho y entonces se les diagnostica la diabetes. Esto no debería ocurrir.

¿La pandemia aumentó el número de casos como el que describe?

Tras la covid-19 nos hemos encontrado con un tsunami de nuevos pacientes. Por todas estas cosas que comentaba, uno de los objetivos que me he marcado en la presidencia de la SED es mejorar la comunicación de la enfermedad a la sociedad. La diabetes no debe ser tomada como una enfermedad banal, sino que puede tener serias consecuencias. Además, es responsable de una gran parte del gasto sanitario. 

¿Cómo influye en la esperanza de vida un mal control de la enfermedad? 

Los estudios sugieren que tanto los pacientes con diabetes tipo 1 como 2 registran una pérdida de años de vida. Se estima que una persona con la más habitual, la tipo 2, puede perder hasta seis años de vida con respecto a una persona que no sufre la enfermedad.

¿De qué manera puede prolongarse la esperanza de vida?

Los datos de los que hablaba están basados en el deterioro progresivo del control glucémico y eso es algo que se puede combatir. Hay que fomentar las campañas de diagnóstico temprano, y aunque la enfermedad sea poco sintomática, es importante seguir las campañas de control glucémico, porque diagnosticar tempranamente una complicación permite tratarla con facilidad e incluso puede revertirse. 

¿Qué importancia tiene romper con la inercia terapéutica que citaba antes? 

Combatirla es fundamental. Intensificar los tratamientos a tiempo mejora la esperanza y la calidad vida de los pacientes y permite ahorrar dinero al sistema sanitario. Hay que tener en cuenta que una amputación o entrar en diálisis, dos de las complicaciones más habituales, cuestan un montón de dinero. 

En algunos países las asociaciones de pacientes son muy importantes. ¿Cuál puede ser su papel?

Tradicionalmente han prestado servicios, pero no se han reivindicado. Esto está cambiando. La Federación Española de Diabetes (FEDE), que agrupa a las asociaciones, está muy presente en las decisiones que están tomando las autoridades sanitarias. Tanto mi predecesor como yo colaboramos activamente con ellos y queremos impulsar iniciativas para conseguir equidad en el acceso a nuevas terapias y a los nuevos métodos de diagnóstico. Animo a los pacientes a que se asocien porque pueden tener mucha fuerza. 

Hace poco la SED ha pedido que el Sistema Nacional de Salud preste atención bucodental a los pacientes. ¿Por qué es importante?

Es una iniciativa de la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) con la que hemos colaborado porque es un problema desconocido. La enfermedad periodontal es más frecuente en las personas con diabetes. Pero no solo eso, el paciente con este problema tiene peor control glucémico. Favorecer la higiene bucal e identificar precozmente estos problemas evita, además, que tengan pérdidas de piezas dentarias.

Si la obesidad y la diabetes tipo 2 no paran de crecer, ¿por qué no se toman medidas más contundentes?

Es un punto clave. Conocemos el papel tan relevante que tiene la obesidad, o la adiposidad como la llamamos ahora, en la aparición y en la progresión de la enfermedad. Combatir la adiposidad reduciría la incidencia de la diabetes tipo 2 y reduciría también la progresión en aquellos que ya la tienen. Por tanto, es un asunto crítico, un problema sanitario de primera magnitud. 

¿Las autoridades sanitarias son conscientes de la dimensión del problema?

Falta una política sanitaria decidida en el tratamiento de la adiposidad, crucial en la prevención de la diabetes tipo 2. Lo bueno es que el debate está planteado y se va a hablar mucho de esto en los próximos meses, porque ya tenemos fármacos capaces de reducir hasta un 25 % el peso del paciente. 

¿Por qué no están financiados por el Sistema Nacional de Salud?

La prevalencia de la adiposidad en la población general es enorme y también en la adolescencia y en la infancia. La inversión que habría que hacer para tratar a esos pacientes sería astronómica, porque los fármacos son muy caros y la Administración no quiere financiarlos. No se cae en la cuenta de que con ellos se consigue una pérdida de peso solo un poco inferior a la que se logra con la cirugía bariátrica (30 %) y se evita la alteración de la anatomía del tubo digestivo que se produce en la intervención. 

Dos diabetes muy diferentes: tipo 1 y tipo 2

En la práctica, la diabetes incluye dos enfermedades muy distintas. “La tipo 1, aunque puede aparecer a cualquier edad, suele hacerlo en personas más jóvenes. Lo característico es que su organismo no produce insulina y necesitan que les sea administrada para vivir”, apunta el presidente de la SED.

La tipo 2 es la mayoritaria, en torno al 90 % del total de casos de diabetes, “y se caracteriza por que los pacientes podrían necesitar insulina en algún momento del proceso, pero muchos empiezan con una tratamiento que incluye, sobre todo, consejos en torno a la alimentación y para incrementar la actividad física, junto con fármacos orales o inyectables, pero no insulínicos”.

Francisco Javier Ampudia añade que “el tratamiento les ayuda a mejorar el control de la enfermedad y a reducir peso, uno de los problemas fundamentales”. En relación con el pronóstico, la tipo 2 presenta un peor perfil “porque se asocia con enfermedades cardiorrenales mucho más graves”, puntualiza. 

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