Terrence Williams, la complicada vida del cerebro que está tras el fraude de 18 ex de la NBA

Tomado de marca.com cortesia La Edición

La NBA se agitó este pasado jueves cuando 18 exjugadores de la NBA y la esposa de uno de ellos fueron acusados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos de defraudar casi 4 millones de dólares a un plan de seguro médico de la Liga. La fiscal del Distrito Sur de Nueva York, Audrey Strauss, dio el nombre de Terrence Williams como cerebro de esta trama que habría estado activa por lo menos entre 2017 y 2020.

Williams, de 34 años y 1,98 metros, fue un alero elegido por los Nets en la undécima posición del draft de 2009. En sus cuatro temporadas en la NBA pasó también por los Rockets, los Kings y los Celtics. Pese a que cumplió con su rol de jugador secundario y promedió 7,1 puntos, 3,6 rebotes y 2,4 asistencias, el 3 de mayo de 2013 disputó su último encuentro en la Liga estadounidense. Comenzó así una carrera de trotamundos por China, Puerto Rico, Filipinas, República Dominicana, México, Venezuela e Israel. En varios de sus equipos apenas aguantó unos partidos y el alguno, como el Maccabi Ashdod ni siquiera llegó a debutar.

Nacido en Seattle, creció en un barrio conflictivo donde también se crió Nate Robinson, campeón del concurso de mates de la NBA en tres ocasiones. En casa de los Williams había apreturas económicas y todo se complicó después del asesinato de su padre, Edgar. El mismo día que salió de prisión fue tiroteado en lo que se consideró un ajuste de cuentas por haber colaborado con la fiscalía en un caso de drogas. A su madre, también cumpliendo condena, le permitieron abandonar la cárcel sólo para acudir al funeral de su esposo.

“No recuerdo nada de mi padre. La única imagen que realmente tengo es cuando él estaba en la cárcel y yo le llevaba unos zapatos con mi madre. No puedo contar ninguna historia en plan: ‘Oh, recuerdo aquella vez jugando en el parque’. Siempre he tratado de recordar, pero es lo más difícil de hacer. No puedes tener un recuerdo de algo que crees que nunca sucedió. Tuve un padre, pero está todo en blanco. Es como si no hubiera existido”, asegura.

Hacinados en casa
Terrence, que por entonces tenía sólo seis años, y una hermana mayor estaban viviendo con una tía. Cuando su madre abandonó la prisión se juntaron 10 personas viviendo en un piso de tres habitaciones: dos tíos, dos tías, un primo, una abuela, ellos tres y un hermano recién nacido. “No había espacio ni nada parecido a tus propias cosas. Podías tener un par de zapatillas, pero llegabas a casa y las llevaba tu tío, que se había puesto cuatro pares de calcetines para que le valieran”, contaba en una entrevista durante su temporada de novato. Muchas noches las pasaba en casa de Robinson. Luego se acabó mudando con el director deportivo de su escuela y, más tarde, con la familia de un compañero de equipo.

El alero comenzó a deslumbrar jugando en el instituto Rainier Beach. Su físico le permitía combinar el baloncesto con el fútbol americano. Al final se decantó por el balón redondo y a la hora de elegir universidad se decantó por Louisville antes que por Indiana y Kansas, de las que también tenía propuestas. Coincidió con el legendario entrenador Rick Pitino, ex del Panathinaikos y de la selección griega, deslumbrado por sus condiciones: “Es un atleta monstruoso”. Llegó a ser co-capitán del equipo y él respondió en la pista. Su nombre fue creciendo e incluso apareció en tres portadas consecutivas de la prestigiosa ‘Sports Illustrated’.

Pero al llegar a la NBA, Williams no respondió a la expectativas y empezaron los problemas. En su segunda temporada, los Nets le asignaron a la Liga de Desarrollo por incumplir en varias ocasiones las normas de equipo. Comenzaron los traspasos, incluido uno en el que también estuvo incluido Shane Larkin. No terminó de hacerse hueco en la Liga y en 2013 jugó su último partido allí. Ese año tuvo un primer conflicto con la justicia cuando fue arrestado después de que amenazara a su pareja con un arma de fuego durante un incidente de violencia doméstica relacionado con su hijo de 10 años.

A lo largo de su carrera en la NBA, Terrence ganó casi siete millones de dólares. “He estado pagando las deudas de mi familia desde que tenía 13 años”, dice. Ahora es acusado de ser el cerebro de una trama. En caso de ser hallados culpables, la pena máxima sería de 20 años de prisión. A él se le suma un robo de identidad, que conlleva un mínimo de dos años de cárcel.

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