El pecado de pintar canas y arrugas

Por Santiago Leiva/Periodista La Edición


San Salvador.- Nadie sabe oficialmente su origen, si se transmite de animal a humano, o si paso por tubos en ensayo en laboratorios, los cierto es que el Covid-19, está dejando heridas al mundo, huellas imborrables y un mando negro de luto, al robar principalmente el último aliento a personas de la tercera edad.
Aún no he visto estadísticas puntuales y un reportaje global de cuantos “abuelitos” se ha llevado el coronavirus, pero basta con observar las estadísticas de los primeros 8 días de agosto en El Salvador para entender qué es el adulto mayor el que está pagando la factura más alta de la pandemia.
Sin herramientas legales desde hace más de mes y medio, sin freno para impedir que la economía se abra totalmente y no escalonada, no es raro que El Salvador registra más de 400 contagios diarios Covid-19 y que sea el grupo etario de 60 a más de 90 años las generaciones que se está llevando la pandemia.
Desde el sábado de la semana pasada hasta ayer, es decir en 8 días, los primeros del mes de agosto, el Ministerio de Salud ha registrado oficialmente 90 muertos por coronavirus, 56 de ellos corresponden personas mayores de 60 años.
El resto, salvo un par de menores de 40 años, son personas que están en el grupo etario de entre 50 y 60 años, según se aprecia en los datos divulgados.
Hoy por ejemplo, se reportaron 13 decesos por Covid-19, y 8 son personas que van de los 60 a más de 80 años. En este informe se detalla la muerte de seis mujeres, una entre 60 y 70, tres de 70 a 8 y dos mayores de 80. También fallecieron un hombre de entre 60 y 70 y uno de 80.
El viernes pasado hubo 16 muertos, 13 fueron adultos mayores, seis hombres y siete mujeres. Mientras tanto el miércoles que también representa otro de los días más altos en muertes hubo 15, y 12 recayeron en la tercera edad.
Así, desde el sábado primero hasta el sábado ocho han fallecido 31 hombres de entre 60 a más de 90 y 25 mujeres de entre 60 y más de 80 años de edad.
El panorama es sombrío para esas generaciones de salvadoreños que nacieron en década del 60 hacia atrás. ¿Cuántos hijos se quedaran sin padre, nieto sin abuelo, bisnieto sin bisabuelo?, eso solo Dios lo sabe, lo cierto es que el mes apenas comienza y hoy más que nunca es pecado pintar canas y arrugas.

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