Chucherías picantes: ¿pueden perjudicar la salud de la población infantil?

Los snacks picantes y las chucherías dulces que también pican se han puesto de moda entre los más pequeños. Te contamos qué dicen los estudios y analizamos si estos productos son perjudiciales

Por Miguel Ángel Lurueña Martínez /Cortesía

Las chucherías picantes, con sabores dulces o salados, se van abriendo paso en los quioscos desde hace unos años y cada vez tienen más aceptación entre la población infantil. Esto es motivo de preocupación para madres, padres y otros adultos con menores a su cargo, que se preguntan si estos productos pueden afectar negativamente a la salud. ¿La comida picante es perjudicial para los niños? ¿Deberían evitarla? Si es así, ¿hasta qué edad?

En nuestro entorno era impensable que pudieran existir chucherías picantes para niños, pero es ya una realidad desde hace unos años. No hablamos de las gominolas que incorporan «pica-pica», que no suele ser más que una mezcla de sal y azúcar, sino de productos realmente picantes. Algunos con sabor dulce, como las gominolas con aspecto de chile, y otros, más exitosos, con sabor salado, como los snacks de maíz. 

¿Qué es el picante?

A pesar de lo que mucha gente piensa, el picante no es un sabor, sino una sensación. Los sabores básicos, dulce, salado, ácido, amargo y umami, los percibimos a través de las papilas gustativas ubicadas sobre todo en nuestra lengua.

Sin embargo, en la percepción del picante interviene el nervio trigémino, que se encarga de transmitir esa sensación hasta nuestro cerebro. También es el responsable de transmitir otras sensaciones, como el frescor que sentimos cuando comemos un caramelo de menta o la aspereza que experimentamos cuando tomamos té. Por eso todas ellas se conocen como sensaciones trigeminales. 

El picante está más presente de lo que pensamos

En eso que llamamos «picante» englobamos varias sensaciones, como dolor, pungencia, ardor, calor o irritación. Las percibimos con distinta intensidad, dependiendo de nuestra sensibilidad y del alimento que comamos; en concreto, de los compuestos que producen esas sensaciones y de la cantidad en la que se encuentran.

Por ejemplo, no nos produce la misma sensación la piperina de la pimienta que la alicina del ajo o el isotiocianato de alilo de la mostaza, aunque todas ellas las definamos como “picantes”. En algunos casos, la intensidad y el tipo de picante nos parece muy tolerable, mientras que, en otros, muy poco o nada.

Por eso no nos plantea dudas ofrecer a nuestros hijos una tostada con aceite de oliva de la variedad picual, dado que su picante es muy suave, mientras que nos preocupa más que coman otros alimentos mucho más picantes, como algunas de las chucherías que protagonizan este artículo.

Chucherías de moda

En las chucherías picantes se utilizan como ingredientes extractos y aromas procedentes de chiles y pimientos picantes, que contienen capsaicinoides de forma natural, entre los que destaca la capsaicina. 

Podríamos decir que esta sustancia es «la reina del picante». Está naturalmente presente en alimentos bien conocidos en nuestro entorno, como los pimientos de Padrón (en algunos sí; en otros, no), las ñoras, las guindillas o el pimentón picante. Aunque desde hace unas décadas se ha popularizado sobre todo a través de alimentos procedentes de otras latitudes, como la cocina mexicana, o mejor dicho, tex-mex, con sus innumerables chiles y salsas picantes. 

Es precisamente de esa zona del mundo de donde procede en buena medida el concepto de las chucherías picantes, cuyo consumo es habitual desde hace generaciones entre los niños de aquel país. Allí no es algo tan llamativo como en nuestro entorno, dado que el picante está muy presente en la dieta. 

productos de moda con picante
Imagen: Anna Solovei / iStock

Efectos del picante sobre la salud

La principal advertencia que se suele hacer sobre la comida picante es que resulta irritante para las mucosas del tracto gastrointestinal: su consumo habitual o excesivo podría provocar efectos adversos como dolor abdominal o hemorroides, y empeorar los síntomas de gastritis o reflujo esofágico. 

Para hablar del efecto sobre la salud desde un punto de vista más global, podemos fijarnos en algunos de los numerosos estudios publicados en los últimos años, centrados sobre todo en el consumo de alimentos compuestos por capsaicinoides o capsaicina.

Una de las publicaciones más recientes y más completas, en la que se revisaron y analizaron numerosos estudios previos, señala que el consumo de alimentos picantes podría mejorar la salud cardiovascular y reducir la mortalidad, pero, por otro lado, podría aumentar la incidencia de diferentes tipos de cáncer, como el de esófago o el de estómago. 

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que hablamos de estudios realizados sobre población adulta, en otros países con diferentes hábitos dietéticos y estilos de vida, y, sobre todo, que los resultados no son concluyentes y en algunos casos son incluso contradictorios. De hecho, la principal conclusión es que no hay conclusión. 

¿Qué hacemos entonces?

Una de las conclusiones a las que llega la publicación comentada destaca que es fundamental considerar el contexto de consumo. Por supuesto, no es lo mismo comer un guiso de lentejas con guindilla una vez cada quince días, que atiborrarse a diario de snacks de maíz ultrapicantes.

Es decir, conviene considerar aspectos como la intensidad de picante que tiene la comida, la frecuencia de consumo, el alimento del que hablamos (si es saludable o no), así como las características de la persona que lo consume: estado de salud, tolerancia al picante, edad, etc. 

Precisamente, la edad de consumo es una de las cuestiones que preocupa, tal y como señalamos al comienzo. ¿Es adecuado que los menores coman picante? Si es así, ¿a qué edad podrían comenzar? Es recomendable tener en cuenta algunos aspectos:

????️ El tipo de alimento

Como acabamos de apuntar, no es lo mismo consumir el picante a través de un alimento saludable, que hacerlo a través de otro poco recomendable. En este sentido, los snacks deberían destinarse a un consumo puntual, sean picantes o no.

Y esto no solo por su composición (mucha sal, harinas refinadas, ausencia de nutrientes de interés, etc.), sino también por los aspectos educacionales: si los niños se habitúan a comer estos productos, se desplazará el consumo de otros que sí son saludables. Por ejemplo, si comen una bolsa de snacks de maíz a media tarde, es probable que ya no tengan apetito para comer una manzana.

????️ La influencia del picante sobre las elecciones alimentarias

Es probable que esa manzana de media tarde no solo sea rechazada por la falta de apetito causada por el consumo de los snacks de maíz picantes, sino también por la habituación a esa sensación: si los niños (y los adultos) se acostumbran a esas sensaciones intensas que se perciben en la boca al comer picante, es probable que otros alimentos saludables, como esa manzana, resulten insulsos y poco gratificantes.

????️ La forma en que se consume el picante

Algunos de esos snacks muestran en sus envases y en su publicidad una escala para indicar la intensidad de picante, de modo que se anima a los consumidores a comenzar por el producto más suave e ir progresando en el tiempo hasta acabar aceptando el más intenso.

Este es precisamente uno de los usos que se da al picante en los últimos años, donde abundan los retos que animan a exponerse a la mayor intensidad de picante posible y que circulan a través de Internet.

En esta forma de consumo se pierde de vista el alimento como tal, dado que solo es una mera herramienta para lograr un trofeo. Es algo parecido a lo que ocurre con los retos consistentes en comer el mayor número de perritos calientes o la hamburguesa más grande: un atentado contra la salud. Además, esto favorece la habituación a niveles de picante muy altos, que pueden alejarnos de una dieta saludable, y en un consumo agudo provocar efectos adversos, como vómitos o dificultad para respirar.

????️ La sensibilidad de cada persona al picante

Normalmente, los niños pequeños son más sensibles al picante que los adultos. Si queremos ofrecerles alimentos picantes, conviene hacerlo con prudencia, comenzando por alimentos con baja intensidad de picante y, por supuesto, priorizando que sean saludables y adecuados para su edad.

En cuanto a la edad para comenzar a ofrecérselos, no hay un consenso claro. Algunos pediatras recomiendan no hacerlo al menos hasta los tres años, mientras que otros consideran que a partir de un año ya sería adecuado. 

???? Como conclusión podríamos decir que los snacks, picantes o no, no son adecuados para niños, al menos para un consumo habitual. Y que la comida intensamente picante podría alejarles de una dieta saludable. Uno de los aspectos fundamentales de la alimentación durante las primeras etapas de la vida es la educación: es el momento en que se aprenden a apreciar sabores, texturas, etc. y en el que se adquieren hábitos que en muchos casos se mantendrán de por vida. 

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